¿Qué ocurre cuando un estudiante de Psicología comienza a mirar los espacios cotidianos con ojos de psicólogo? A veces, el aprendizaje más significativo no sucede dentro de un aula, sino cuando los conocimientos adquiridos encuentran un lugar donde ponerse en práctica.
Martín Ortega, estudiante de sexto semestre de Psicología Clínica de la Universidad Indoamérica y próximo a iniciar séptimo semestre, entrena junto a la selección de fútbol. Para él, el fútbol no es únicamente un espacio de entrenamiento, competencia y rendimiento; poco a poco, también se ha convertido en un escenario para comprender y aplicar algunos de los aprendizajes adquiridos en la asignatura de: Intervención Grupal, dictada por Steven Herrera.
La historia comenzó con una pregunta aparentemente sencilla: ¿cómo lograr que los nuevos jugadores se sientan realmente parte del equipo?
En lugar de limitarse al entrenamiento deportivo, Martín decidió proponer una dinámica orientada a favorecer la integración y el conocimiento entre los integrantes del grupo. La actividad incorporó elementos lúdicos, como vendarse los ojos, conversar sobre sus jugadores de fútbol favoritos, compartir intereses y descubrir puntos en común con sus compañeros.
Puede parecer una actividad sencilla. Sin embargo, detrás de ella existe una intención psicológica importante: crear condiciones para que las personas puedan conocerse más allá del rol que desempeñan dentro de la cancha.
El primer encuentro fue conducido por Martín y tuvo una respuesta positiva. Los jugadores interactuaron desde un lugar diferente al habitual, generando espacios de conversación, reconocimiento y acercamiento. El equipo dejó, por un momento, de ser solamente un conjunto de jugadores para comenzar a reconocerse como un grupo de personas con historias, intereses y experiencias diversas.
Del ejercicio deportivo al trabajo psicológico

Entre los temas que busca abordar se encuentran el mundo emocional de los jugadores, los mitos y verdades relacionados con la masculinidad, desafíos grupales orientados a fortalecer la sinergia del equipo y actividades destinadas a ampliar y fortalecer la red de apoyo entre sus integrantes.
Aquí aparece una de las grandes posibilidades de la intervención grupal: comprender que un grupo no se construye únicamente compartiendo un objetivo. También necesita confianza, comunicación, reconocimiento, apoyo, sentido de pertenencia y espacios para expresar aquello que muchas veces permanece fuera de la conversación cotidiana.
En contextos deportivos, donde frecuentemente se privilegia el rendimiento, la competencia y la fortaleza física, abrir espacios para hablar sobre las emociones puede convertirse también en una forma de cuidado, y de ser un deportista de calidad.
– Como docente de Martín en la asignatura de Intervención Grupal, he tenido la oportunidad de acompañar este proceso, supervisando sus propuestas y ayudándolo a pulir las técnicas, herramientas y estrategias que pretende utilizar.
Este acompañamiento no busca simplemente decirle qué dinámica realizar. El verdadero desafío consiste en ayudarlo a preguntarse por qué realizarla, para qué realizarla, qué objetivo persigue, cómo facilitarla y qué hacer con aquello que pueda emerger durante el encuentro.
Esa diferencia es fundamental.
Intervenir psicológicamente no consiste en aplicar actividades de manera mecánica. Implica comprender al grupo, reconocer sus necesidades, establecer objetivos y utilizar herramientas de manera ética, pertinente y fundamentada.
Por eso, experiencias como la de Martín representan una oportunidad de aprendizaje que trasciende los contenidos de una asignatura. El estudiante comienza a desarrollar una de las competencias más importantes para su futura práctica profesional: aprender a observar los fenómenos humanos y transformar esa observación en acciones de intervención responsables.
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El psicólogo también puede estar en la cancha
Quizás uno de los aprendizajes más interesantes de esta experiencia es recordar que la Psicología no ocurre únicamente en un consultorio.
- Puede estar en una cancha de fútbol.
- Puede estar en una conversación entre compañeros.
- Puede aparecer en una dinámica de familia.
- Puede comenzar con una pregunta, un juego o un espacio para compartir.
Y precisamente allí es donde la formación universitaria adquiere un sentido especial: cuando lo aprendido deja de ser solamente teoría y comienza a transformar la manera en que nuestros estudiantes observan, comprenden y acompañan a las personas.
Martín todavía está en formación. No se trata de presentar esta experiencia como una intervención terminada, sino como el comienzo de un proceso en el que está aprendiendo a pensar, planificar, intervenir y reflexionar sobre su propia práctica.
Y quizá esa sea una de las mejores señales de que estamos formando psicólogos: cuando un estudiante comienza a preguntarse cómo puede aportar, desde su profesión, a mejorar un espacio que forma parte de su propia vida.
Porque a veces, antes de llegar al consultorio, la Psicología puede iniciar en la cancha.
Escrito por Steven David Herrera, docente de Psicología de la Universidad Indoamérica.

